
Para ser taxi boy hay que nacer contestaba un amigo mío siempre que le preguntaban si alguna vez cobraría por sexo. Si bien yo tenía mis dudas, en esa época compartía el mismo pensamiento pero el tiempo me demostró que por plata uno hace lo que le pidan.
Esto sucedió años atrás cuando no existía el chat ni siquiera Internet (che, no soy tan viejo tampoco ja!). En ese momento, era el furor de la línea de contactos, donde todos llamábamos para conseguir algún encuentro casual (si era sexual mucho mejor). Por ese medio, conocí a Luis, la descripción me había parecido interesante (no había usado la palabra simpático ni agradable, lo cual sumaba puntos); por lo que decidimos encontrarnos ese mismo día en la puerta de conocido local de comidas rápidas.
A la hora indicada, nos vimos las caras por primera vez. Sinceramente fue una sorpresa, pero no justamente una sorpresa buena, si no más bien todo lo contrario; ya que se había olvidado de mencionar un pequeño detalle. El sujeto en cuestión tenía una sola pierna, por lo que las posibilidades de que sólo tomemos un café eran muchas. Nos dirigimos al interior del local, pedimos una merienda cada uno y nos sentamos (es una forma de decir, él sólo apoyó una piernita je!). Habremos estado conversando más de media hora, hasta que nuestros vasos quedaron vacíos y los temas de charla eran casi nulos. Yo estaba dispuesto a regresar a mi casa, ya que el sólo hecho de imaginarme teniendo sexo con una persona que tuviera una sola pierna me producía arcadas. Pero mi visión cambió cuando Luis propuso pagarme por tener sexo oral conmigo (sintetizando, pagar por chupar). En un primer momento, la propuesta me sorprendió pero sin embargo acepté.
Una vez en el departamento, le pedí que me dejara el dinero en la mesa de luz, no iba a ser cuestión de que se escapara y no me pagara (aunque con la pierna ortopédica muy lejos no iba a llegar). Luis sacó la suma acordada (que no pienso revelar, es secreto profesional ja) y la colocó en el lugar indicado. Yo me bajé los pantalones y suavemente el sujeto comenzó a deleitarse con mis genitales. La verdad, lo hacía bastante bien, a veces la falta de una pierna hace que otros partes del cuerpo (en este caso la lengua) funcionen mejor. Estuvo largo rato saboreando la zona hasta que le dije que en cualquier momento “acababa”. Me preguntó si me gustaba hacerlo en la boca, a lo que le contesté claro pero ese es otro precio (el oficio de taxi boy se aprende rápido, sépanlo); a lo que rápidamente puso un par de billetes más en la mesa de luz. Finalmente, terminamos el acto, hice uso del baño, tomé mi plata y me fui.
Hoy si me preguntan si cobraría por sexo, lo primero que hago es darle mi tarjeta de acompañante masculino.
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